Publicado el 22 de julio de 2026 · 5 min de lectura · Por Dr. Guzmán Dávila
Después de varios meses de pérdida de peso constante, es común que la báscula se detenga durante semanas. A esto se le llama meseta, y es una de las razones más frecuentes por las que algunos pacientes consideran —erróneamente— que su tratamiento dejó de funcionar.
Por qué el cuerpo se estanca
A medida que pierdes peso, tu cuerpo requiere menos calorías para mantenerse, y además pone en marcha mecanismos hormonales de adaptación metabólica que buscan conservar energía. Esta respuesta biológica es normal y ocurre con cualquier método de pérdida de peso, no solo con tratamientos farmacológicos.
Lo que no debes hacer
- Aumentar la dosis por cuenta propia sin indicación médica
- Suspender el tratamiento abruptamente pensando que "no sirve"
- Reducir drásticamente la ingesta calórica sin supervisión nutricional
Qué sí puede ayudar, con supervisión médica
- Reevaluar la dosis actual en tu control mensual
- Revisar junto a nutrición la calidad y cantidad de tu alimentación
- Incorporar o ajustar la actividad física, especialmente entrenamiento de fuerza
- Dar tiempo: muchas mesetas se resuelven espontáneamente en 4 a 6 semanas
Una meseta no es un fracaso del tratamiento. Es una señal de que tu cuerpo está recalibrando, y es exactamente el momento en que más importa el seguimiento médico continuo.
